Daño Temporal

Capítulo 1: Florece. (15/05/2019)

Septiembre. El clima ya era cálido y estábamos camino al campo, aceptando la invitación de mi tío, uno de los hermanos menores de mi Papá. Llevaba un par de días con el ánimo un tanto bajo, pero no encontraba motivo para justificar aquello. Confiaba en que este viaje me ayudaría a salir del trance. Cuando llegamos, el resto de la familia ya estaba reunida. El almuerzo fue agradable, pero mi inestabilidad seguía, así que le pedí a mi prima Sara que me acompañara a dar un paseo.

Mis padres seguían cuidándome excesivamente, no confiaban en los diagnósticos médicos. Estaban seguros de que la enfermedad podía regresar en cualquier momento. Desde mi salida del hospital me sentía un poco aislada en casa, como si ellos buscaran, a cada instante, protegerme de algo o alguien, llegando incluso, a excluirme.

El cáncer, muy dañino e invasivo, me había costado cuatro años de vida; cuatro de los mejores años y es que no resultaba muy agradable ser una adolescente de quince años incapacitada para salir con amigos, compartir con la familia e incluso asistir a clases normales. Confinada a un hospital, mis días pasaron entre libros, series y juegos de habilidad mental en una solitaria y pálida habitación.

-¿Te sientes bien?- Sara me conocía como nadie. Detectaba de lejos cuando algo no estaba marchando adecuadamente.

-Sí, todo bien.

-¡Vamos! Eres una pésima mentirosa y lo sabes, Marcelie-

-Sara está todo bien, en serio. Son sólo algunos cambios de humor que los médicos relacionan a los fármacos que sigo tomando.

-Entonces roguemos para que pronto dejen de ser necesarios. Tu aspecto físico ha mejorado bastante, las secuelas de la enfermedad ya casi no son visibles-

-Si todo sigue así, podré por fin, asistir a clases como una joven normal-

Caminamos hasta llegar a una desierta calle. De vez en cuando un auto aparecía a nuestro lado. Seguimos avanzando hasta encontrarnos con un sombrío bosque, lleno de altos árboles y muchos caminos. Desde mi perspectiva era muy sencillo perderse en este lugar, parecía un verdadero laberinto de la naturaleza, pero no teníamos mucho que hacer y la tarde era bastante agradable.

-Es la primera vez que visitas el campo del tío Lucio, ¿cierto?-Sara acariciaba el tronco de los robustos árboles que nos rodeaban.

-Sí, mis padres habían estado aquí antes, pero adivina… yo estaba en el hospital –respondí con un leve tono de sarcasmo.

-Afortunadamente eso ya quedó en el pasado –agregó con una sincera sonrisa.

Caminamos por, a lo menos diez minutos, hasta llegar a un espacio dentro del bosque que parecía un refugio natural, donde el suelo estaba cubierto de hojas y diversos vestigios de los árboles.

-¡Observa estos árboles, parecen formar un círculo perfecto! –exclamé sin poder contener la emoción. Nunca había visto algo así, una demostración tan clara de la perfección de la naturaleza.

-Es realmente maravilloso. Lamento no haber traído mi cámara –Sara acostumbraba a llevar su cámara fotográfica a todas partes. Estaba segura de que su sueño frustrado era haber estudiado fotografía en algún país Europeo. Claro, algo así era imposible para su familia, así como para la mayoría.

-Ven, vamos a sentarnos en el medio- sugerí con entusiasmo.

-¿Acaso pretendes hacer algún tipo de ritual mágico?- No pude evitar reír. Ella siempre lo lograba, era mi mejor compañía durante esos largos días en el hospital. Siempre la sentí como una hermana, más que como mi prima. –Quizás no sea una idea tan terrible, ¿quién sabe? Puede ser que después de todo lo que he tenido que pasar, haya desarrollado algún tipo de habilidad mágica.

Los primeros meses que estuve internada, así como también los últimos, tenía constantes sueños extraños; algunos temibles y otros donde interactuaba con gente que nunca había visto en la vida real. Siempre me perturbaron porque se sentían demasiado reales, como una experiencia normal de la vida cotidiana. Lo más raro, es que hasta el día de hoy recordaba con detalle cada uno de ellos y sabía perfectamente que nunca, se había repetido alguna de esas personas en más de un sueño.

-Vamos, sentémonos de una vez –invitó Sara.

Entré en el círculo de árboles con normalidad, calmada, pero apenas puse uno de mis pies dentro, un peculiar dolor en el centro de mi frente, perturbó la calma. En ese mismo instante, un pequeño pájaro azul oscuro salió desde el interior y voló a toda prisa, aumentando mi incomodidad.

-¿Estás bien? –No pretendía preocupar a Sara. Era lo que menos deseaba en ese momento.

-Sí, sólo fue una pequeña punzada en la cabeza –mentí. El dolor era agudo y permanente. Me hizo recordar todas esas historias que hablan de un tercer ojo ubicado justo en medio de la frente y que brinda habilidades especiales a quienes logran desarrollarlo.- Me sentaré dentro del circulo y descansaré. Verás que en pocos minutos pasará.

Sara se tranquilizó y permanecimos en silencio por algunos minutos. El dolor fue pasando poco a poco. Me sentía muy relajada y libre, como si algo me abrazara, pero al mismo tiempo me diera fuerzas y levantara mi decaído ánimo. Cerré los ojos y me olvidé de todo lo demás.

-¿Regresaste? –La voz de Sara me sacó del estado de letargo.- Parecías plácidamente dormida o un mundo muy lejano. No quise interrumpirte, pero ya está haciendo frío, es mejor que regresemos.

-Me relaje un montón, pero tienes razón, es tiempo de volver. No hay que olvidar que estamos aquí en una reunión familiar.

En casa de mi tío había, por lo menos, treinta personas entre tías, tíos, abuelos, primos, primas y amigos cercanos. Algunos se quedarían a pasar la noche y otros se marcharían en unas horas. Aún con mi reclusión hospitalaria, había logrado mantener una buena relación con todos y ellos, por su parte, nunca habían dejado de preocuparse por mí. El cariño, apoyo y respeto, era mutuo.

El ambiente, cuando estaba con ellos, eran tan cálido y acogedor, a veces me costaba describir la sensación exacta que me transmitían, pero sabía que mi vida no sería ni la sombra de lo que eran, sin ellos.

Regresamos caminando lentamente. La temperatura había descendido, pero seguía siendo agradable sentir cada uno de los estímulos de la naturaleza en el cuerpo, en el rostro, en cada célula.

Cuando salimos a dar nuestro paseo, todos los invitados se quedaron sentados alrededor de la gran mesa que estaba en el patio delantero haciendo sobremesa. La conversación estaba tan atrapante, que sólo mis padres notaron que nos alejamos. Guardé esa imagen en mi mente, como un gran recuerdo.

Decidimos no saltar el pequeño cerco de madera que rodeaba a la casa y dimos toda la vuelta hasta encontrarnos con la entrada principal. Al ver, nuevamente a nuestros familiares, algo no calzaba y el dolor justo en el medio de mi frente regresó.

No faltaba nadie. Todos ocupaban el mismo lugar de antes, pero no parecían ellos. Sus vestimentas eran otras, sus peinados, al igual que las sillas, la mesa y cada objeto que los rodeaban. Al recorrer el resto del paisaje con la mirada, pude comprobar que la casa también había cambiado y sus vehículos ya no estaban. En su lugar ahora había carruajes.

Una descabellada idea se apoderó de mi mente, mientras le dedicaba una mirada de confusión a Sara, quien parecía bastante perturbada.

-Sara, ¿es mi idea o estamos en otra época?

*****

Capítulo 2: Respira (29/05/2019)

Sara seguía sin responder y temía que en cualquier instante se desmayara frente a mis ojos. De pronto, uno de mis supuestos familiares se percató de nuestra presencia y nos dirigió la palabra.

-Oigan ustedes, Marcelina, Saray, ¿por qué llevan esas ropas tan llamativas?, ¿desde cuándo las niñas usan pantalones?

-¿Marcelina? –No pude evitar reaccionar con una mueca de desagrado frente a ese nombre. No me agradaba en lo absoluto. –Sara debemos salir de aquí –Me apresuré a decir. Algo no estaba bien, algo no tenía lógica y si no descubríamos pronto la verdad, estaríamos en problemas.- Sara, por favor –Al ver que mi prima no lograba salir de su perturbado estado, la tomé de la mano y corrí con ella hacia el mismo bosque.

Regresamos al lugar donde los árboles formaban un círculo y nos sentamos ahí. Sara parecía estar en trance. Comenzaba a asustarme.

-Sara por favor, dime, ¿estás bien? –pregunté sujetando sus manos, mirándola directo a los ojos.

-Sí. Sí, creo que ya lo estoy, pero, ¿podrías explicarme que sucedió allá?, ¿quiénes eran esas personas?-

-Estoy tan impresionada y confundida como tú, pero teníamos que salir de ahí o nada bueno sucedería. Esas personas no nos conocen y por muy idénticos que sean a nuestros familiares, no lo son –

-Lo sé. Esos rostros, esas expresiones. Definitivamente no eran ellos, pero quizás existe una explicación lógica para esto –

-¿Crees que pueda existir una explicación lógica para algo así? –pregunté incrédula.

-Claro que sí. Podríamos haber inhalado o tocado algo con capacidades alucinógenas. Quizás todo esto es parte de los efectos secundarios. Debemos estar alucinando –explicó plenamente convencida.

-No sé qué tan probable puede ser que algo así nos ocurra –Quería continuar hablando, pero Sara me interrumpió.

-Tienes sangre en tu nariz y estás muy pálida.

-¿En serio? –Pasé mis dedos por la nariz y pude comprobar que la sangre estaba escurriendo. Me apresuré a limpiar la zona con un pañuelo escondido en mi bolsillo.

Sara terminó de limpiar la pequeña hemorragia y nos quedamos sentadas sin saber qué pensar, qué sentir, mucho menos qué hacer. Apoyé mi cabeza en su hombro, mientras ambas dirigíamos la mirada hacia el frente. Pasado un tiempo, se me ocurrió algo.

-Sara debemos regresar –hablé muy segura.

-¿Volver?, ¿de qué estás hablando? Tú misma dijiste que eso era una mala idea.

-Sí, pero ya ha pasado un poco de tiempo. Tu teoría puede ser cierta, debemos ir y comprobar que lo que vimos la primera vez es real o fue sólo una alucinación muy extraña.

Quedaba muy poco de luz. Pronto la noche caería por completo y realmente pasarla a solas, en un lugar así y con un incidente tan peculiar como este, me aterraba.

-Bueno, volvamos. No podemos quedarnos aquí eternamente sin hacer nada. Si esto no es real, lo sabremos al regresar y si lo es, debemos encontrar una manera de solucionarlo, en el caso de que exista una solución –terminó de decir Sara con una mirada llena de incertidumbre y miedo.

El teléfono de Sara conservaba batería suficiente para varias horas y funcionaba de manera normal. Esto nos daba la esperanza suficiente para pensar que el extraño suceso de antes, era sólo una ilusión pasajera. Por mi parte, no tenía un móvil propio todavía, les había insistido a mis padres que necesitaba uno, pero ellos parecían ignorarme con el tema.  

Una vez más atravesamos el bosque y en menos tiempo del que esperábamos, llegamos a la propiedad de mi tío y buscamos la entrada. No encontramos nada, excepto una casa antigua, en muy malas condiciones y totalmente vacía.

No existía rastro de personas en ese lugar. Y según suponía, ningún ser humano había estado allí, por lo menos en varios años.

-Esto ya no tiene ningún sentido –Sara se acercó a la deteriorada morada, cuyas ventanas se mostraban clausuradas por madera que el tiempo había ido gastando y en la puerta principal se divisaba un candado oxidado por el tiempo. -¿Qué está pasando Marcelie? Esto ya no tiene ningún sentido –Temblé cuando descubrí que dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

No sabía qué responderle. Era ella quien me contenía siempre, ella era la fuerte de las dos, pero ahora, su vulnerabilidad estaba a la vista y no tenía idea de cómo ayudarla.

Me acerqué y la abracé. Nos sentamos en los restos de una vieja banca que se resistía a desaparecer por completo.

-Sara no desesperes, encontraremos la manera de solucionar esto o al menos, de saber qué sucedió.

-¿Estás segura, o sólo lo estás diciendo para tranquilizarme? –Sara, siempre Sara. Nunca podría engañarla. Escuché sus silenciosos sollozos, como queriendo disimularlos, tal vez, para evitar aumentar mi preocupación.

-Querida Sara, aquí la experta en tranquilizar y dar consuelo eres tú –aseguré- Recuerdo cada vez que has estado para mí, cada vez que supiste convencerme de que todo estaría bien, de que no debía rendirme, de que esa maldita enfermedad nunca podría conmigo – suspiré- Estoy segura de que nunca podría haberlo logrado son ti, nos une un vínculo demasiado poderoso y te aseguro que encontraremos la manera de salir de esto. Es una locura siquiera pensar que esto esté pasando, no tiene ninguna lógica y hasta comienzo a pensar que nos perdimos y llegamos a dos lugares diferentes cada vez, pero lo resolveremos, sé que lo haremos.

Sara dejó de sollozar y un silencio absoluto se apoderó de nuestro alrededor. Luego una ligera brisa nos envolvió haciendo despertar nuestros sentidos.

-Mi luminosa Marcelie, incluso en los peores momentos siempre logras ser fuerte. Tú crees que he sido yo tu contención durante todo este tiempo y no ves lo admirable y resistente que eres. Nuestro vínculo, como dices, es indestructible y nos hace más poderosas cuando estamos juntas, así que tienes razón, saldremos de esto de alguna manera.

La brisa aumentó su nivel y comenzaba a sentir frío. Mis pies estaban helados, también la punta de mi nariz. Seguíamos en la misma posición, pensando cada una en qué hacer, hasta que algo se movió entre las sombras. El miedo regresó con más fuerza.

-¿Qué fue eso? – Sara hizo un brusco movimiento que rompió la armonía del momento.

-No lo sé – respondí con sinceridad – ¿Quién está ahí? –grité sin temor.

Un nuevo movimiento cerca del anterior y de pronto una sombra con forma humana apareció, sin dejar ver su rostro, pero estaba claro, era un hombre.

¿Quién eres?, ¿qué quieres? –volví a preguntar sin miedo, mientras Sara apretaba mi mano con fuerza. Ambas sabíamos que si el desconocido tenía malas intenciones, era poco lo que podíamos hacer. Se notaba que era alto y atlético. Parecía llevar una capa como la de un mago ¿Una capa, en nuestra época?, ¿qué rayos estaba sucediendo?

Para este punto, se apoderaba de mi mente una desconcertante idea; quizás nunca había salido del hospital y este era otro de esos angustiantes sueños que tenía cuando comenzaba a pasar el efecto de una anestesia, después de una intervención.

-Tranquilas. No les haré daño – aseguró con voz calmada.

-Dinos quién eres, qué quieres – Sara intervino muy segura.

-Tengo diferentes nombres, pero siempre la misma labor.

-No queremos acertijos, no estamos de humor para eso – desafié con enojo.

-Está bien, tranquilas. Ya les he dicho que no pretendo hacerles daño – Se acercó y la poca luz que había iluminó levemente su pálido rostro – Soy el Señor del Tiempo y estoy aquí porque debo solucionar un grave daño temporal.

*****

Capítulo 3: Anhela. (05/06/2019)

-¿El Señor del tiempo?, ¿daño temporal? –cuestioné- ¿Qué clase de loco eres?

-Jovencita, es un poco llamativo que te refieras a mí como un loco, después de todo lo que has vivido en las últimas horas.

Sara seguía sujetándome con fuerza, ¿cómo sabía lo que estaba ocurriendo con nosotras dos y nuestros familiares?

-¿Quién te contó sobre eso?

-Nadie. Lo vi desde mi apacible hogar –respondió con la mayor normalidad del mundo.- Como les dije antes, soy el Señor del Tiempo, mi función es mantener el orden temporal entre las diferentes dimensiones y aquí, jovencitas, ha ocurrido algo que debemos solucionar de inmediato.

-¿Entonces es cierto, lo que vimos? No fue ninguna alucinación –Sara había soltado mi mano y parecía un poco más relajada.

-Todo es cierto –sentenció. Para este punto, se había acercado bastante. Estaba casi frente a nosotras.- La primera vez que regresaron y vieron a sus familiares distintos y luego, cuando no encontraron a nadie, sólo una casa vieja clausurada, lo que sucedió es algo que se conoce como salto temporal.

-¿Salto temporal?, ¿de qué estás hablando? Ese tipo de cosas no son posibles, no son reales –Esto no estaba bien, no era posible que alguien llegara y nos dijera estas locuras como si fuera lo más normal de la vida, ¿sería algún tipo de psicópata?, ¿tendría algo que ver con la desaparición de nuestros familiares?

-Calma Marcelie, deja que hable –Sara ahora lucía muy calmada y realmente parecía creer que el desconocido tenía algo cuerdo para decir. La miré como solía hacerlo cada vez que quería decirle que se estaba equivocando, lo que no sucedía con mucha frecuencia. Me ignoró por completo y dio un paso adelante, acercándose todavía más al extraño que decía ser “El Señor del Tiempo”.- Por favor cuéntanos que sucedió. Necesitamos respuestas y confío en que nos las puedes dar.

Con un rápido movimiento el desconocido encendió una luz para iluminarnos. Nunca supe dónde estaba el origen de aquella luz, pero decidí relajarme y dar espacio a sus relatos sin tanto cuestionamiento. Lucía como un hombre de no más de veinticinco años. Su piel era pálida, su pelo de un profundo color negro y varios lunares decoraban su rostro.

-Por favor, siéntense. Esto podría tardar –dijo señalando la vieja banca.

No sé si era la situación por la que estábamos pasando o realmente el clima había cambiado, pero ya no sentía frío, de hecho, para mi cuerpo la temperatura era muy agradable, como en una noche de verano. Sara se acomodó con prisa, ansiosa por escuchar lo que él tenía que decirnos. Yo la imité, pero con calma, aún desconfiada.

-Bien, ahora estamos sentadas y dispuestas a escuchar. Por favor que sea rápido, es tarde y sigo sin saber dónde están mis padres y todos los demás. –No podía evitar ser un poco agresiva con él. Me era inevitable, algo en él no me agradaba del todo, comenzando por decir que lo consideraba un loco de patio. Sara me dio un leve codazo en el brazo, así que entendí que debía dejar el mal genio.

-Comprendo a la perfección tu confusión y enojo, no te preocupes, ni sientas mal, pero esto debe arreglarse y pronto. –Sus intensos ojos negros dirigieron la mirada al cielo- Hace mucho tiempo que esto no pasaba, de hecho, no es frecuente que suceda, no es que tenga que estar saliendo constantemente de mi hogar para resolver este tipo de alteraciones-

-¿Qué es lo que produce una alteración como esta, un salto temporal? –preguntó Sara intrigada.

-Como les decía, no son frecuentes y mucho menos en esta dimensión donde los seres humanos están, todavía muy lejos de lograr viajar en el tiempo, pero el universo no es perfecto y en ocasiones, el comportamiento armonioso se rompe, dando lugar a estos eventos. –Dirigió su mirada a mí- Mi labor como Señor del Tiempo consiste en resguardar el correcto orden temporal y espacial de las múltiples dimensiones paralelas que existen. Lamento si me extiendo un poco y no voy al grano de inmediato, pero necesito contextualizar para que me comprendan bien.

-Continúa y tómate todo el tiempo que necesites, al fin y al cabo, no creo que haya algo más que podamos hacer para salir de esta situación. –agregué, esta vez más relajada.

Por un segundo dejé de prestarle atención para concentrarme en lo que me rodeaba y era impresionante cómo el silencio se había apoderado de todo. Por momentos llegué a sentirme dentro de una burbuja, aislada del resto del mundo. Me preguntaba si Sara se sentía de la misma forma.

-En cada dimensión existe algo así como un clon de mí, que lleva una vida normal y desconoce su origen mágico. Este lado especial, sólo se activa cuando algo anormal está sucediendo en una dimensión en particular, impulsando, una especie de alarma en mi hogar, que me avisa que debo resolver el conflicto en cuestión a la brevedad. De esa forma, una vez que recibo esa señal, viajo hasta la dimensión alterada, me reúno con mi otro yo, identifico la fuente el problema, lo resuelvo y regreso a casa. Por lo general mi vida es bastante tranquila, ser el Señor del Tiempo no da demasiados problemas, excepto en ciertas dimensiones más caóticas, pero como ya les sugerí, en esta en particular, no suele ocurrir mucho.

-¿Cómo es que nadie sabe acerca de esto? –preguntó Sara en voz baja, sin tener la seguridad de si era correcto o no interrumpir.

-Por la misma razón que ya les comenté; esta dimensión es bastante tranquila y como no debo intervenirla con tanta frecuencia, son muy pocos los que saben sobre mí, para la mayoría no paso de ser un mito, una leyenda o un personaje de fantasía que se repite en varias películas. Sin embargo, en ciertas dimensiones más conflictivas, donde la manipulación del tiempo y espacio es a gran escala, están conscientes de que intervendré si la alteración es muy grave.

-¿Qué quieres decir con grave, acaso no siempre reparas lo que ellos cambian? –pregunté como si no hubiera podido controlar las palabras que salían de mi boca. 

-Para estos seres, que han desarrollado ciertas habilidades más avanzadas, manipular el tiempo puede llegar a ser algo muy normal y sin importancia, como por ejemplo; retroceder unos minutos para no perder un avión o evitar la caída de un niño, pero cuando tratan de teletransportarse o revivir a un ser querido, mi intervención y posibles sanciones, no se deja esperar. –Sentí como en ese exacto momento, su mirada se clavó en mí, como si con estas últimas palabras se estuviera refiriendo a mí.

-¿Por qué me miras de esa forma?

-Porque tú, Marcelie, alteraste el tiempo y el espacio de una manera brutal y que debe ser revertida lo antes posible o el daño temporal ocasionado podría traer graves e irreparables consecuencias para esta dimensión.

*****

Capítulo 4: Comprende. (19/06/2019)

¿Yo había alterado el tiempo y el espacio?, ¿era yo quién había producido ese daño temporal? Realmente este sujeto estaba loco y me convencía mucho más de que sólo nos estaba jugando una broma muy pesada ¿dónde estaban mis familiares? Creo que ya era tiempo de parar con el chiste.

Mi cabeza daba vueltas, sentía que cualquier momento me desmayaría. Necesitaba salir de ahí, tomar aire, regresar y encontrar todo tal como estaba antes de irme por primera vez al bosque.

-Marcelie, ¿me escuchas? –La voz del supuesto Señor del Tiempo me trajo de vuelta a la realidad, pero seguía sintiendo que me temblaban las piernas y que aun así, deseaba salir corriendo.

-Te escucho, pero no comprendo qué tratas de decir, ¿cómo es que un daño temporal en esta dimensión es mi culpa?

-Tranquila. Te explicaré todo con detalles y con calma, porque no será algo fácil de asimilar.

Antes de siquiera emitir una nueva palabra, otro movimiento perturbó nuestra intimidad. Alguien más estaba cerca y de seguro había escuchado todo. Tan sólo esperaba que no fuera otro Señor del Tiempo o algo parecido.

-Sé que eres tú, no necesitas seguir escondido –El Señor del Tiempo habló con seguridad, pero sin ningún tipo de preocupación evidente. Entonces comprendí, que sí, debía tratarse de alguien como él.

Sara se acercó a mí y tomó mi mano con fuerza, otra vez. Antes de que pudiéramos ver el rostro del recién llegado, ella susurró en mi oído:

-“Ya no estoy tan segura de querer creerle” –Luego se alejó un poco y miró hacia el nuevo integrante.

-Vamos Tobías, deja las intrigas –agregó el Señor del tiempo. Quien por cierto, debía tener un hombre, además de “Señor del Tiempo”, recién consideraba aquello y me recriminaba no haberlo pensado antes. –Sabía que vendrías, después de todo, tienes parte de culpa en esto.

Sara y yo nos dirigimos una mirada llena de asombro y duda. Ósea que ahora, además de mí, existía otro culpable; otro responsable directo del daño temporal.

Comenzaba a perturbarme esto de cazar causantes, quería saber qué había sucedido pronto y dónde estaban mis seres queridos. Necesitaba abrazar a mis padres cuánto antes, quizás era poco tiempo el transcurrido desde la última vez que los había visto, pero anhelaba sentir ese cálido abrazo.

-No pensé que llegarías tan rápido –De pronto, la figura de un adolescente apareció frente a nosotros. No debía tener más de quince años, era delgado, no pasaba de uno setenta, cabello castaño, tez pálida y pecas dispersas por todo el rostro. –Supongo que viniste a reparar tu error.

El chico se acercó y dio una palmada en el hombro al Señor del Tiempo, quien era, al menos, siete centímetros más alto que él y luego dirigió su mirada hacia nosotras. Sara lo estudiaba con atención.

-Señor del Tiempo, tan tú, como siempre. Es cierto, se me pasó un detalle que terminó ocasionando este gran problema, pero tranquilo, ya estoy aquí para solucionarlo.

¿Qué era lo que tenía que solucionar?, seguían hablando en clave y ya me estaba hartando.

Justo en el instante en que pretendía alzar la voz, el suelo comenzó a moverse bajo nuestros pies ¿Un temblor?, ¿en esta zona donde nunca ocurrían este tipo de eventos? Duró cerca de un minuto y en tanto terminó, un sinfín de estrellas fugaces cayeron sobre nuestras cabezas. Realmente, algo no estaba bien.  

-¿Qué fue eso? –preguntó Sara con el rostro evidenciando el miedo.

El Señor del Tiempo y el otro joven se miraron sin decir palabra. Enseguida, el primero de ellos rompió el silencio.

-Antes que todo, quiero presentarles a mi colega y amigo, Tobías. –dijo señalándolo- Es cierto, tal vez parece sólo un niño, pero al igual que yo, tiene una importante misión para mantener el orden del universo.

-Se esperaría que dijera que es un gusto conocerlas –comenzó diciendo Tobías- pero realmente no lo es, porque no debería haberlas conocido en este momento, ni en estas circunstancias, al menos, no a ambas. –Su voz sonaba más grave de la de un niño de su edad o, al menos, de la que aparentaba. 

-¿No a ambas?, ¿de qué hablas?, ¿y qué fue todo eso; el temblor y las estrellas? –pregunté con impaciencia.

-Eso que acaban de ver son fenómenos normales propios de este planeta, pero cuando ocurren juntos, con poca diferencia de tiempo, es signo de que algo no está bien con el orden normal. En otras palabras, es una señal del caos que comenzará si no solucionamos el daño temporal del que les hablé anteriormente, del que Marcelie, es parcialmente responsable –explicó el Señor del Tiempo- No bromeaba cuando les dije que era algo complejo y peligroso. Debemos solucionarlo cuanto antes.

-Marcelie es parcialmente culpable porque también soy responsable, debí prestar más atención y no dejar que algo como esto pasara por delante de mis ojos sin hacer nada al respecto. –agregó el chico de las pecas.

-¿Podrían, por fin, decirnos de qué están hablando?, ¿por qué mi prima es responsable? Notaba que Sara comenzaba a perder la paciencia. Por fin no era la única.

-¿Me permites explicarles? –preguntó Tobías mirando al Señor del Tiempo.

-Es tu error y tu manera de solucionarlo, haz lo que tengas que hacer- respondió el guardián del tiempo inmutable.

-Perfecto –agregó con una sonrisa triunfal- Muy pocas veces suceden cosas como estas sin que lo note, por lo general las descubro antes de que puedan producir alguna alteración, pero como ya saben, hoy es diferente.

Sara y yo lo mirábamos casi sin parpadear, para no perder ningún detalle de su historia, incluso de su lenguaje corporal, si es que algo así aplicaba para un ser como él.

-Marcelie tú no deberías estar aquí-

-¿Cómo que no debería estar aquí?, ¿dónde más estaría?-

-Sé que esto no será fácil de asumir, pero debes saberlo –Tobías se acercó a mí y notaba la empatía en su mirada.

-Habla, sabré ser fuerte-

-Marcelie, tú no sobreviviste a la última intervención a la que debiste someterte producto de tu cruel enfermedad. Estás muerta hace casi tres meses.

*****

Capítulo 5: Libera. (17/07/2019)

De pronto, todo fue más claro. Casi sentí como regresé al pabellón quirúrgico, a esa última operación, donde todo se definiría. Recuerdo que el donante era compatible, los análisis pronosticaban un resultado exitoso, entonces, ¿qué sucedió?

Volví a revivir todo; el pulcro blanco de la habitación, el equipo médico que ya conocía de memoria, las luces, agujas y el comienzo del efecto de la anestesia. Mis padres mirando por la ventana desde la otra habitación y Sara junto a ellos, como siempre. Antes de rendirme por completo a la anestesia pude divisar sus rostros: trataban de estar tranquilos y seguros de que todo saldría bien, pero estaba tan acostumbrada a sus facciones de preocupación y miedo, que me era imposible no reconocerlas en este instante. Cerré los ojos y me olvidé del mundo.

-¡Debe estar loco! ¡Yo no estoy muerta! –exclamé con enfado.

-Claro que no, ¿qué clase de horrible broma es esta? –Sara dio un paso adelante. Parecía

mucho más enojada que yo.- Exijo que en este mismo momento nos digan sus verdaderas intenciones y dejen de usar un tema tan sensible, como la enfermedad de Marcelie, para molestarnos.

-Aunque no comparto el mismo tipo de humanidad que ustedes y las cosas me afectan mucho menos, créanme que entiendo lo difícil que debe ser esto, pero ya no se puede seguir prolongando. –El rostro del Señor del Tiempo había cambiado, ahora sus expresiones eran mucho menos frías- Llevas casi tres meses vagando en este mundo como si fueras un humano más y lo cierto es que si no te vas a donde, ahora perteneces, no sólo el orden espacial y temporal será afectado, tu alma también lo hará.

Me perturbaba la seriedad y honestidad en las palabras de este sujeto, realmente estaba convencido de cada una de ellas. Quizás necesitaba pensar en esto como una posibilidad real, por al menos un minuto. Pero si lo hacía, ¿cómo es que Sara no sabía nada?, ¿cómo es que mis padres me veían y todo seguía siendo como siempre, como cuando estaba viva?

-¡Basta con esto! –exclamó Sara con impaciencia-. Sara vámonos de aquí, no sé de dónde salieron estos locos, pero no tenemos por qué seguir escuchando sus idioteces.

Paseé mi mirada por cada uno de ellos. Sara parecía hacerme señas para salir de ahí lo más rápido posible, pero la ignoré. Necesitaba escuchar la historia completa. Quizás esto  daría respuesta a la anhedonia que sentía desde la última intervención.

-Pueden irse, pero eso no evitará que nosotros hagamos nuestro trabajo. No podemos irnos sin haber completado esta misión-

-¿Esta misión?, ¿eso es esto para ti?, ¿una simple misión? –el ánimo de Sara empeoraba con cada palabra que salía de la boca del Señor del Tiempo. Mientras, yo seguía perdida entre mis pensamientos. Los demás esperaban que dijera algo, pero no era sencillo. Hasta que pude hacerlo, arriesgándome a tener la desaprobación de mi querida prima.

-Sara necesito escuchar la historia completa –dije mirando fijamente al Señor del Tiempo.

-Excelente. Tomaste la mejor decisión. –Incluso hasta ese punto, no sabía decidir si este sujeto era una buena o mala persona-. Tobías, creo esta parte deberías explicarla tú. Es tu fuerte, te manejas mucho mejor que yo –agregó señalando a su compañero. 

-Claro, estoy acostumbrado a ser el mensajero de las peores noticias –El chico se quejó haciendo una mueca de desagrado. Parecía tan normal, como un simple adolescente-. Lo primero que deben saber, es que así como él es el Señor del Tiempo, yo también soy un guardián, pero al contrario de él, mi labor es custodiar la puerta entre los vivos y los muertos. Algunos llaman “El guardián de los otros mundos”.

-¿La puerta entre los vivos y los muertos? –pregunté creyendo que eso simplemente no existía.

-Literalmente, no es que exista una puerta, pero mi función es guiar a los muertos, desde el purgatorio al otro lado, para que no queden atrapados en él y su alma pueda liberarse.

-¿Cuál fue el error que cometiste conmigo? –Ya no quería más rodeos, necesitaba saber la verdad cuanto antes.

-Marcelie, esto no suele ocurrir seguido, es extraño que pase, pero cuando descubrí mi error y entendí la causa, supe que se trataba de una fuerza superior difícil de disuadir. –Miró a Sara, le sonrió y continuó su relato-. He visto a lo largo de mi existencia, lo terrible que es para los humanos perder a un ser querido y lo mucho que se aferran a ellos cuando están enfermos, esperando que de alguna forma, todo ese amor y esa fuerza, impidan que la muerte haga lo suyo. Pero sabemos que no funciona de esa manera.

Sara y yo seguíamos de pie, así que Tobías nos invitó a sentarnos en el suelo. Encendió una pequeña fogata, nadie sabe cómo y continuó su relato. Mientras, el Señor del Tiempo permanecía inmutable, mirando desde arriba. Nunca accedió a sentarse.

-Revisando tu historia me enteré de que tu cuerpo comenzó a fallar cuando eras muy niña y finalmente cuando los médicos detectaron tu enfermedad ya era tarde. Debo ser honesto Marcelie, nunca hubo esperanzas para ti, estabas condenada a morir en ese momento, hicieran lo que hicieran. –Sus palabras eran duras, pero no parecían afectarme, sólo quería escuchar el final-. Tal como dije antes, los humanos tratan de aferrarse a sus seres queridos de la manera que sea posible, extendiendo su tiempo junto a ellos cuanto más puedan y eso fue precisamente lo que hizo Sara.

-¿Sara? –cuestioné sin comprender nada.

-¿Qué tengo que ver yo en esto? –La actitud desafiante de Sara estaba de regreso. Creo que debía sentirse como en una montaña rusa, llena de emociones inesperadas.

-Ustedes dos han mantenido una relación muy estrecha desde que eran pequeñas, el cariño y respeto que se tienen es admirable, no es algo que se vea tan comúnmente en la actualidad. –Nos dedicó una sonrisa sincera y amable-. Justamente eso, hizo que tú Marcelie, no pudieras irte en el momento correcto. El vínculo que compartes es tan poderoso y Sara se aferró a él con tanta fuerza que no pudiste abandonar este mundo de manera normal, te quedaste a su lado como espíritu, sin que ella jamás asumiera que te habías ido corporalmente.

-¿Estás diciendo que soy una especie de fantasma?

-Eres un alma errante y sólo Sara puede verte. –Sus palabras retumbaron en mis oídos como el eco más profundo, estridente y terrible, mientras me era imposible detener la lágrima que comenzaba a recorrer mi mejilla izquierda.

*****

Capítulo 6: Vuela

-No, eso no puede ser cierto ¡Es una locura, debes estar desvariando! –Sara estaba descontrolada y las lágrimas no cesaban de brotar de sus ojos.

-Sara tranquila, esto debe ser un error, no puede ser cierto. –Me acerqué a ella y la abracé, tratando de consolarla-. Si lo que dices fuera cierto, no podría abrazarla como lo estoy haciendo. –increpé.

-Puedes hacerlo porque ella te lo permite, es ella quien hace que estés aquí porque no ha podido soltar el vínculo que las unía en vida. Sara se ha mantenido fiel a ese sentimiento como si todavía estuvieras aquí y eso hace posible que su relación siga siendo idéntica.

-¿Entonces cómo explicas que mis padres me vean? –Volví a cuestionar con rabia y miedo, mucho miedo.

-¿Te ven realmente? –El Señor del Tiempo rompía el silencio por primera vez en varios minutos.

Y su pregunta fue como un balde de agua fría. Las imágenes desfilaron por mi mente, una a una desde la salida del pabellón quirúrgico; en ninguna de ellas podía encontrar certeza alguna de que mis padres me hubieran visto. Preguntas sin responder, saludos ignorados y una vivencia muy solitaria y vacía, era lo que recordaba del último tiempo. Excepto claro, por Sara. Sara, siempre Sara. El vínculo más poderoso y real que tuve en mi vida y que ahora me mantenía en el mundo de los vivos, aún cuando debía estar con los muertos hace meses.

-Ya recordaste… -agregó Tobías al ver la expresión de mi compungido rostro.

Una brisa ligera nos rodeó y juro que pude ver cómo una cortina de hojas color café, caían sobre nosotros, ¿acaso el otoño se había equivocado de mes?

Sara, al notar que no respondía, pero que mi rostro lo decía todo, cayó de rodillas al piso y lloró, lloró con tanta fuerza que sentía cómo su tristeza y sufrimiento golpeaba mis huesos, como cuando una gripe terrible te ataca. No entendía cómo podía seguir sintiendo de esta manera, si ya estaba muerta, luego recordé que el vínculo seguía intacto y que mientras Tobías y el Señor del Tiempo no resolvieran esto, Sara y yo nos mantendríamos atrapadas en una realidad dañada. Una realidad que no nos daría nada bueno, ni a ella ni a mí.

Comenzaba a entender lo que tenía que hacer. Lo que era correcto hacer.

-Sí, ya recordé.

Me acerqué a Sara y la rodeé con mis brazos. Este podría ser el último abrazo que compartiríamos y hubiese deseado que durara el resto de la noche.

-Si regreso al mundo de los muertos, a donde pertenezco, ¿todo este daño temporal se detendrá?-

-Todo regresará a normalidad en el mismo instante en que abandones este mundo –aseguró El Señor del Tiempo.

-¿Mis padres y el resto de mis familiares estarán exactamente en el momento en que salimos para dar el paseo por el bosque?

-Sara regresará desde el bosque y los encontrará haciendo sobremesa entre risas y una buena conversación. No habrá rastro de todo este caos.

-¡Marcelie…Marcelie no puedes dejarme! –Sara trataba de hablar entre sollozos y sentía que cada palabra me partía el alma.

Levanté su rostro y le sostuve el mentón. Mi madre hacía eso cuando era pequeña y me caía. Me costaba mucho dejar de llorar, creo que mi cuerpo siempre fue más débil que el de los demás porque con cada caída sentía un profundo dolor que no pasaba con facilidad.

-Sara mírame –susurré con sutileza-. Debes dejar que me vaya, no puedo quedarme, el tiempo para estar juntas se ha terminado y tú debes continuar con tu vida.

Era sencillo decirlo, era ella quien se quedaba en el mundo real sola, sin siquiera una hermana u hermano que la pudiera ayudar a levantarse, pero era fuerte y lo lograría. 

-Marcelie no puedo, no estoy preparada para esto, no puedo dejar que te vayas. Siento que mis huesos se quiebran y que no puedo respirar, es como si me ahogara con el aire –Para este punto Sara sollozaba como por inercia, sin tener control real de su cuerpo. El Señor del Tiempo se acercó y tocó su frente con delicadeza.

-Esto la ayudará –aseguró justo en el momento en que mi prima caía dormida-. Marcelie ya sabes todo y comprendes que debes volver al mundo de los muertos, pero para Sara no será tan sencillo, ella es la que mantiene sus energías puestas en el vínculo para que no se rompa, así que sólo hay una cosa que puedes hacer.

-¿Qué cosa? –pregunté con temor.

-El bosque donde estuvieron en la tarde, es una especie de portal, debemos regresar y enviarte de regreso desde allí. –explicó Tobías.

-Pero, ¿qué pasará con Sara?, despertará y verá que me he ido-

-A Sara le tomará un tiempo adaptarse, pero lo hará. No podemos decirte más, pero sabemos que ella estará bien.

Las últimas palabras del Señor del Tiempo me dieron la confianza y seguridad que necesitaba, si Sara estaba bien, yo podía continuar con mi viaje.

Con las extrañas habilidades del Señor del Tiempo y el Guardián de los Mundos, nos trasladamos hasta el bosque, justo en medio del círculo formado por árboles. Tobías dejó a Sara dormida en el suelo y me arrodillé a su lado.

-Gracias por ser la mejor compañía que pude tener en este mundo, gracias por tu constancia, fuerza y amor. Gracias por nunca abandonarme en este oscuro camino que me tocó transitar. Mis padres y tú estarán bien, me aseguraré de eso y debes saber que, aunque ahora me vaya, ese vínculo, nunca, pero un nunca se romperá. Te quiero con el alma y lo haré en este o el cualquier mundo en el que toque estar –susurre en su oído justo antes de ponerme en pie para atravesar el otro mundo.

Cuando Sara despertó, vio a su lado una fotografía nuestra del paseo que dimos al bosque durante la tarde, antes de que las cosas que complicaran. En ella, estábamos sentadas justo en el centro del círculo de árboles, mismo lugar donde ella despertó. Yo apoyaba mi cabeza en su hombro y sonreíamos con plenitud.

Esa fotografía fue el último favor que le pedí al Señor del Tiempo antes de que todos volviéramos a tomar el camino que nos correspondía.

Esa fotografía sería, por siempre, prueba de lo poderoso que podía llegar a ser un vínculo  formado bajo la confianza, el respeto y el amor, traspasando incluso, los límites de lo normal.   

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