Día del Padre

“Cuarentena“

Julio Acuña

Extrañaba mucho hablar con mis hijos, y cuando por fin lo hicimos,[PV1]  la conversación resultó fluida, Nos movíamos por diversos temas, aunque, por supuesto, la cuarentena fue el tema principal durante varios minutos.

“Papá, ¿por qué no escribes?”, preguntó de pronto mi hijo mayor. “Podrías escribir sobre tu experiencia durante la pandemia. Es un ejercicio mental y distractivo”, insistió. Esto, que en un principio tomé a la ligera, pronto me hizo pensar ¿y yo qué puedo escribir? He construido una rutina en estas cinco semanas de cuarentena total, no creo que sea entretenido hablar de ello. Me levanto, me ducho y arreglo mi barba. Debo haber probado todos los largos y cortes que siempre quise, sin tener que recibir la aprobación de nadie. Luego, visualizo mi desayuno. Repaso varias opciones en mi cabeza – té con pan o té solo, todas las he probado- y termino pensando en los más desposeídos. Noto mis privilegios, aun cuando llevo varios meses sin encontrar trabajo. Obvio que tengo suerte, tengo una maravillosa red de amor que me ayuda y me acoge.

Mi rutina continúa cuando me toca escoger música para hacer el aseo. Voy de Chopin a la nueva ola, y paso por Earth Wind & Fire. Luego, la decisión de quien cocina, mi pareja o yo. Ella le da a primera hora los medicamentos a su padre de ochenta y seis años, hipertenso y con una memoria que se diluye poco a poco. 

Si cocino yo, me preparo con todo lo necesario: insumos, cuchillos, tabla de cortar, aliños, verduras, etc. Me hace sentir bien y más aún si luego escucho la frase “está delicioso”. Es como un aplauso que retribuye el haber pensado cómo hacer más sabroso lo que preparo.

Después del éxito temporal, un poco de TV. Documentales, las recomendadas de Netflix, nostalgia en YouTube, buscando Bronco Layne, Chayanne, La Tribu Brady, 77 Sunset Strip, Ajedrez Fatal, y alguna otra serie que ya pocos recuerdan.

He sufrido una transformación cerebral importante. Hay momentos en los que he tenido el celular con redes sociales y el televisor conectados simultáneamente, pero siento que estoy derrochando energía. Entonces, apago el televisor y me conecto con mis seres queridos, principalmente mi familia, claro, pero sin duda también con esas personas que me han ayudado a tener experiencias memorables, personas que no saben que pienso en ellos, agradeciendo su trato hacia mí, generoso, amable, cariñoso. No es frecuencia sino intensidad. Ahí es cuando envío un mensaje, escribo un comentario, doy dedo para arriba, comparto publicaciones, corazón, retweets, messenger. 

Escarbar en los recuerdos, afectos, personas, experiencias, aciertos y errores me hace ver que llevo conmigo experiencias fantásticas que me han conectado para siempre con gente maravillosa.

Al escribir todo esto noto que, alterando un poco cada cosa, los días ya no me parecen tan rutinarios.


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