Más respeto con las telecebollas clásicas

Por Claudio Garrido Moya

Un tecito mirando la ventana. Está lloviendo como no hacía hace mucho, y en la tele recuerdan que comenzará Aquelarre en los próximos días en la señal de TVN. No hace mucho, comenté con algunos amigos “agujones” la pertinencia de la reemisión de telenovelas como Soltera Otra Vez, que no pasó desapercibida. Por mi parte, mi decepción se hizo patente al saber que cuando TVN tomó la posta, optó por la historia del pueblo donde hace 30 años sólo nacen mujeres, en vez de Sucupira.

Sin embargo, me anima de todos modos que la elección esté dentro de ese marco de lo que se puede denominar “época dorada” de las telenovelas chilenas. Cuando era una guerra por el rating, pero también una competencia cualitativa en términos de historias, construcción de personajes, fotografía y complejidad de las distintas historias que caminan paralelamente al conflicto dramático principal.

Los que alcanzamos a vivir esa época, claramente tenemos el rodaje de al menos unos quince años de aprendizajes y vivencias que nos permiten, en el mejor de los casos, tener una altura de miras para presenciar las acciones que se daban en esos dramas. Por supuesto que hay cosas que vistas al ojo del ciudadano pensante de hoy, chocan. Pero también hemos avanzado en entender que las cosas y las personas se analizan en cuanto a su contexto social e histórico.

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Hoy, cuando el confinamiento obligatorio causa que muchas personas deban quedarse en casa, y ya al pasar más de tres meses desde que muchos otros –los que pudieron- iniciaron su encierro, el inventario de cosas por hacer ya se ha agotado. Es probable que varios estén caminando en círculos, persiguiéndose la cola cual perro buscando cómo matar el aburrimiento en medio del frío y la cuarentena, porque varios ya se leyeron sus pendientes, ya se aprendieron de memoria el catálogo del Netflix, se terminaron sus videojuegos, o puede ser que recién estén buscando cómo entretenerse luego de tener un merecido tiempo de descanso laboral involuntario. Esto tiene como consecuencia, que no sea un disparate pensar que la posibilidad de que el consumo de televisión abierta en las casas haya aumentado. Y por lo mismo, no da igual qué poner en la tele.

¿Por qué valorar la decisión de TVN y poner en tela de juicio la del Canal 13 respecto a Soltera Otra Vez?

El primer argumento, es más bien desde lo emocional. Para los millenials que estamos adentrándonos en los treinta, las reminiscencias a una época que estuvo marcada por dinámicas familiares o de relaciones interpersonales menos mediadas por las redes sociales digitales, causan un latido de gracia en nuestros corazones. Sí, podremos ver Aquelarre, encerrados en casa como lo era en ese 1999 cuando hizo mucho frío, y esperábamos al papá o la mama llegar de la pega a tomar once. Capítulos que duraban hora y media, y era causa de reunión familiar. No teníamos que lidiar con los spoilers, y podíamos mantener un marco de inocencia en ese Chile de la transición democrática, donde poco a poco comenzábamos a tocar y analizar temas que antes eran vetados. Podíamos sorprendernos todavía, soñar, trazar líneas e imaginar, y luego compartir nuestras conjeturas, pues no todo era inmediato. Era necesario reposarlo.

Y aquí viene el otro argumento. Pues la época dorada de las teleseries quitó la camisa de fuerza de la ficción chilena televisada, que tenía una estética opaca y acciones acartonadas, en extremo conservadoras, con cierto soslayo a los desafíos que la sociedad del nuevo milenio comenzaba a imponer. En la segunda mitad de los noventa, esto cambiaría. Por un lado, TVN, de la mano de la Quena Rencoret, Vicente Sabatini, y notables elencos, nos devolverían el Chile arrebatado por la propaganda de la dictadura. Se podía sentir amor, pues el melodrama no puede dejar de existir en una telenovela, pero también pensar que dentro del entretenimiento y el romance podemos tejer tramas que a la vista de hoy, podían ser adelantadas en ese Chile que trataba de salir del aturdimiento cultural. Hablamos de corrupción en Sucupira, de la depredación del medio ambiente en Oro Verde, de acercarnos a pueblos originarios lejanos en Iorana o paisajes hermosos del país como en La Fiera, Aquelarre y Santo Ladrón, o bien el peso de la historia y la tiranía burguesa en Pampa Ilusión o el amor homosexual y la vulnerabilidad social en Puertas Adentro. La lista es extensa y responde a una apuesta que con el paso de los años comienza a hacerse aún más valorable, porque el aprendizaje nos ha hecho entender el subtexto de estas producciones.

Es por esto que extrañó la decisión que Canal 13 pusiera al aire Soltera Otra Vez, considerando los tiempos que vivimos y el tirón de orejas que las mujeres han hecho a la sociedad recientemente. La actriz Josefina Montané, quien criticó la reemisión de la telenovela, habló de que hay que mirar los arquetipos de mujeres que en ese tipo de producción se presentan. Me atrevo a sumarle, que también el tipo de historia que presenta la telenovela, responde a un modelo de mujer que al día de hoy resulta impertinente, pues podemos seguir hablando de melodrama, pero hemos ido resignificando el concepto de amor. Y evidentemente, éste no es un asunto de volver al ruedo con el pololo mijito rico que te engañó –arquetipo de hombre tarado de ficción típico- y volverte loca buscando llenar el vacío porque dependes de un hombre para tu felicidad–arquetipo de mujer romántica de ficción típica-, y así cumplir con el modelo –típico- de pareja romántica por los siglos de los siglos. Definitivamente, está muy mal hecha la lectura de los tiempos, considerando que, además, los elementos que dan valor agregado están más bien ausentes: El juego romántico, como un loop interminable y como fin en sí mismo.

En una ciudadanía cada vez más empoderada y crítica, donde nos hemos ido acostumbrando a analizar los gestos, los mensajes y las acciones, pues todo comunica; se hace muy necesario tener el tino para elegir los contenidos cuando podemos tener más audiencia cautiva. En la elección que hacen, los medios también están queriéndonos decir algo, y la coyuntura juega un rol importante. Y tal parece que Canal 13 en su elección nos está subestimando, aunque lo que queramos es entretención. Por ejemplo, los resultados de TV Educa a Chile han sido positivos en niños, según han indicado desde la industria. Qué quiere decir esto, que la televisión podemos seguir empleando en estos tiempos como elemento culturizador, con la salvedad de que estamos hablando de una cultura de masas. El ejemplo de Canal 13 cobra relevancia pues efectivamente tiene mejores propuestas que presentar, que si bien son antiguas, los televidentes de hoy tienen ansias de leerlas con el acervo cultural de hoy. Los resultados del trasnoche de Mea Culpa lo comprueban: historias muy fuertes e impactantes resultan interesantes a personas que no podían ver estos programas en esa época o que ni siquiera habían nacido; y es sencillamente pues han adquirido en su formación las herramientas para ver dichas producciones con un ojo crítico. Es decir, puedes apostar a entretener, pero entregando un desafío de dejar inquietudes frente a los discursos que arman estas historias.

Dicho esto, todos mis respetos a la señal nacional y tirón de orejas para el canal de Luksic; y me alegro que producciones como Aquelarre puedan presentarse nuevamente a nosotros. Y por qué no, también, a las nuevas generaciones, para contar que hubo un tiempo en que la tele era un poquito más que el show que siempre ha sido, y que hay historias que están a años luz de una tipa llorando por el Monito. Al menos, hay un intento de enmendar el camino con Brujas, pero ese ya es otro cuento.

PD: Me van a perdonar que hable de televisión en un sitio de lectura. Pero podemos compensar la deuda con el mismo tiempo de tu libro favorito antes o después de ver la comedia.

1 comentario en “Más respeto con las telecebollas clásicas”

  1. Qué genial leer esto. Para quienes seguimos las teleseries de esa época es todo un gusto. Y sí, también me gustaría que volviera Sucupira 🙂

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