Almas de Sangre


“Resultaba un poco anecdótico que él, quien a tantas personas había eliminado por sangre, estuviera ahora, viviendo la peor pesadilla por el mismo motivo: ellos querían su sangre…”

“Almas de Sangre”

Diez años como vampira. Zianno insistía en que debíamos celebrar, pero yo, honestamente no tenía muchas ganas de hacerlo. La cuidad se había vuelvo más violenta y mi querido compañero y amante era conocido entre mortales y vampiros… no siempre por razones positivas. Mi muerto corazón de ser que se alimenta de sangre, me alertaba de que algo estaba por ocurrir, algo que desencadenaría una tormenta.

Varios integrantes de nuestro clan afirmaban que después de mi conversión a vampiro, había desarrollado ciertas habilidades especiales, paranormales les decían, como si nosotros fuéramos algo muy normal. En fin, lo que ellos no sabían es que el ser una nocturna no tenía nada que ver con estos dones, pues ellos siempre habían sido parte de mi esencia y comenzaron a manifestarse cuando tenía unos pocos años de edad. Había sido realmente fatal tener que convivir con fantasmas como integrantes de mi familia y no parecer una loca en el intento de adquirir la costumbre.

Zianno era el vampiro más longevo existente en la actualidad y aunque su apariencia física no representaba más de veintisiete años, acumulaba muchísimos años en la tierra y eran incontables los mortales de los que se había alimentado. Debido a esto, era respetado y odiado en partes iguales y desde que había aceptado ser su compañera pasé a ser parte de una constante existencia dividida entre la admiración y el repudio. Pero no era malo, no podía quejarme, disfrutaba de su compañía, de su preocupación. No podía hablar de amor, porque incluso diez años después de ser transformada, no podía afirmar que los vampiros fueran capaces de enamorarse.

—Sé que no estabas muy entusiasmada por celebrar tus diez años como vampira, pero no he podido evitarlo –dijo poniendo esa peligrosa mirada que todo lo conseguía. Sus cautivadores ojos alargados, ese peculiar iris de color gris, sumado a una sonrisa traviesa y delatadora, lo convertían en un ser muy convincente.

—¿Qué hiciste?

—Nada tan despampanante como me hubiera gustado, pero lo importante es que será en tu honor.

—¿Podrías ser más específico?

—He reservado el Salón de las Luciérnagas sólo para nosotros y nuestros invitados, será una celebración más íntima, con las personas que tú desees considerar.

—Realmente es un milagro que haya estado disponible –mencioné refiriéndome al Salón de las Luciérnagas.

—Es más complicado reservarlo cuando los brujos andan por acá, pero por estos días, Neón Burdeo está celebrando su aniversario, así que sabemos que ese será su escenario preferido.

—Nunca decae la popularidad de ese lugar, ¿no?

—Y no sucederá nunca. Como ellos mismos dicen: tiene un toque de magia bastante peculiar.

—Bueno, pero me ha gustado bastante la idea de celebrar en el Salón de las Luciérnagas, así que comenzaré de inmediato a ver a quienes invitaré.

—Mi querida Mara, me pone muy contento esta reacción. Por un segundo creí que no aceptarías mi iniciativa.

—Permíteme dudarlo Zianno —aseguré—. Verás, me es imposible creer que tú hayas iniciado una campaña en la que no tenías la seguridad de salir victorioso.

—Diez años, ¿no? –interrogó mirándome con galantería—. Diez años en los que has aprendido a conocerme mejor que muchos de los que han estado en mi vida por siglos.

—Y no tengo objeción alguna en que sigan siendo muchos más.

El Salón de las Luciérnagas, era uno de los lugares de reunión social para nocturnos y otros seres diferentes a los humanos tradicionales, con mayor data de permanencia en el tiempo y eso se debía a dos hechos bastantes simples; no ser como todos los demás antros ruidosos y llamativos y a su inocente nombre. Después de todo, nadie podría imaginar que un lugar llamado de esa forma albergaría a seres oscuros y sedientos de sangre.

Mi historia con Zianno había comenzado de una manera bastante normal y casi cursi, pues después de mi transformación se me había asignado un tutor, en mi caso una tutora (como ocurría con todos los neófitos) para guiarme y cuidar de que no me volviera un peligro para la sociedad humana, ni para mis mismos compañeros de linaje. Anni era muy buena conmigo, tenía una paciencia casi infinita, pero yo estaba fuera de control y superé sus capacidades, así que recurrió a la única persona que sabía, podría ayudarme…Zianno.

Gracias a él, con mucho tiempo y dedicación aprendí cómo aceptar que ahora era una vampira. Me explicó cómo habían nacido la mayoría de los mitos, incluido el que decía que no podíamos exponernos a la luz del sol o cómo es que se habían creado los seres bebedores de sangre. Desde ese momento, decidimos permanecer juntos, compartir la extraña existencia que se nos había regalado.

Zianno llevaba demasiado tiempo siendo vampiro, de hecho, en mi mente pensaba que él ni siquiera recordaba con exactitud cómo había llegado a ser uno de ellos y tampoco era un tema del que le gustara hablar mucho, así que prefería no insistir. Sólo sabía que era muy respetado y que ostentaba el título de ser el vampiro que había bebido mayor cantidad de sangre humana.

La celebración de mis diez años como vampiro sería dentro de cinco días, así que junto a Anni organizamos todo, enviamos las invitaciones y compramos lo necesario para tener una amena reunión. Finalmente serían diecisiete los invitados, perfecto para mí, algo no tan ostentoso, ni ruidoso.

Llegada la noche, el Salón de las Luciérnagas lucía maravilloso, Zianno había encargado una decoración especial, inspirada en mí o en lo que él veía en mí. Todo en colores dorado, rojo y negro; se veía realmente elegante y cálido. Los invitados comenzaron a llegar poco a poco y a medianoche ya no faltaba nadie. Se cerraron las puertas del salón y se dio aviso a la portería de que nadie más subiría.

—¿Y qué me dices, estos diez años se han sentido o han pasado casi sin notarlo? —Hugo, el mejor amigo de Zianno lanzaba su primera pregunta. Era común en él interrogar a los demás, no lo hacía por molestar, claro. Era más bien algo característico de su personalidad.

—A decir verdad, han sido diez años muy agradables, fue difícil al comienzo, pero una vez adaptada, la existencia ha resultado de lo más agradable —confesé. Estábamos sentados alrededor de una mesa redonda donde alcanzábamos todos holgadamente. En la mesa se apreciaban bebidas y comidas de variados tipos, además del infaltable cocktail de sangre que abarcaba todos los grupos sanguíneos humanos, además de algunas opciones animales.

—Zianno hizo un gran trabajo contigo —lanzó casi con veneno Adela, una ex novia muy antigua de Zianno.

—También lo creo —dije sin mayor preocupación—. Le debo bastante y siempre le recuerdo lo mucho que agradezco lo mucho que hace por mí.

La detestaba, era cierto, pero no dejaba que ella lo notara. No quería darle el gusto de afectarme. Por esa misma razón la había invitado, para hacerla entender que su existencia no me preocupaba, ni me molestaba.

La noche continuó entre risas y conversación. La sangre nunca faltó y aunque más de uno propuso salir a buscar raciones frescas, lo desechamos. No se me antojaba salir por ahí en busca de humanos.

Cerca de las tres de la madrugada sentí una brisa extraña, como si apareciera de la nada, la que envolvió el lugar por completo. Segundos después se cortó la luz y ni siquiera nuestra aventajada velocidad pudo percibir cuando ellos llegaron.

—Buenas noches, lamentamos esta inesperada interrupción.

Al comienzo no supe cómo describirlos, pues no lucían como ningún otro ser que hubiera visto antes. Literalmente eran fantasmas, como esos que aparecen en las películas de terror, pero sin la sábana blanca; eran muy pálidos, casi invisibles y flotaban al menos cinco centímetros sobre el suelo. Era imposible no sentirse, al menos un poco incómoda con su presencia. Aunque confieso que, al verlos ahí, mezclados entre nosotros, sentí miedo. Éramos vampiros, pero no había nada que pudiéramos hacer frente a fantasmas, si es que eso eran en realidad.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Zianno sin temor alguno.

Se paseaban entre nosotros como si les perteneciéramos. Eran cinco en total; dos mujeres y tres hombres. Me molestaba no saber qué querían y por qué interrumpían mi celebración de esa manera tan descortés.

—Estamos aquí porque te buscamos —habló una de las mujeres, la que vestía una falda larga estilo victoriano.

—¿A quién? —me atreví a preguntar.

—A Zianno, por supuesto. El vampiro más longevo conocido actualmente.

El resto de los invitados no pretendían hacerse partícipe del diálogo. Luego comprendí que estaban bajo algún hechizo porque sólo Zianno y yo podíamos movernos e interactuar.

—¿Por qué me buscan?

Zianno desviada su mirada de la mía, lo que me hizo presentir que sabía por qué estaban ahí, lo que buscaban de él… lógicamente no era nada bueno.

—Tu sangre, querido. Necesitamos tu sangre —respondió la otra mujer, la que vestía un abrigo largo.

—¿Su sangre?, ¿para qué necesitaban su sangre?

—Saben que no se las daré —advirtió desafiante.

—¿Podrían explicarme qué está sucediendo aquí? —No soportaba ser la única sin entender a qué venía todo este extraño espectáculo.

Los cinco seres se sentaron sobre la mesa y me miraron con atención, como si me estudiaran. Voltearon su mirada hacia Zianno, como esperando su explicación, pero cuando no obtuvieron nada, comenzaron su relato.

—Estimada Mara —¿Cómo sabían mi nombre? —Sabemos que debes estarte preguntando qué somos, por qué lucimos de esta forma y puedo decirte que la definición más cercana para nuestra condición es decir que somos parientes muy cercanos de los fantasmas; somos almas errantes.

—¿Almas errantes? ¿Son algo así como almas sin descanso? —pregunté sin sentir vergüenza de mi ignorancia.

—Para explicarlo de manera simple, fuimos víctimas de un hechizo que ha mantenido nuestras almas deambulando, sin poder pertenecer a ninguno de los mundos; ni al de los vivos, ni tampoco al de los muertos.

—¿Quién les hizo algo así? —pregunté perturbada, mientras Zianno seguía con esa postura inalterable, como si esta historia fuera ya conocida para él.

—Un brujo que trató de encadenarnos para aprovechar nuestra energía vital —explicó uno de los hombres, el que llevaba un sombrero de copa—. Para su mala suerte, pudimos liberarnos antes de que nos encadenara por siempre, pero no logramos evitar convertirnos en almas errantes. Hemos deambulado por el mundo mucho tiempo y siempre sucede algo que nos impide restaurar nuestra condición.

—¿Cómo se supone que podrían restaurar su condición, digo, no debería ser el mismo brujo que los condenó quien los libere?

—Eso fue exactamente lo que él dijo, pero con el paso del tiempo hemos descubierto una nueva manera de resolverlo —agregó antes de dirigir una profunda mirada a Zianno.

Nuevamente ese presentimiento en mi interior me dijo que las cosas no estarían bien, que algo terrible de acercaba.

—Necesitamos la sangre de Zianno —dijo sin rodeos la mujer de la falda. Mis ojos se abrieron al máximo y mi respiración aumentó su ritmo.

—Así es, sólo él puede salvarnos y después de muchos intentos para volver a ser los que fuimos, no dejaremos que se nos escape esta oportunidad. Existe alguien que antes de poder concretar el ritual, se ha encargado de eliminar al vampiro más longevo de turno. No dejaremos que suceda en esta ocasión.

Y ahí estaba mi respuesta. De forma muy natural y calmada, ellos estaban diciendo que venían por Zianno y nada los convencería de lo contrario. Pero si necesitaban su sangre, no necesariamente tenían que matarlo, ¿o sí?

—Saben que no permitiré que eso pase, ¿cierto? —Zianno intervino con seguridad, tal como era característico en él, nunca demostraba temor.

—Estimado, no necesitamos tu aprobación —sentenció el hombre cuyo cabello se extendía hasta la cintura. Los cinco fantasmas se tomaron de la mano, cerraron sus ojos y no hizo falta nada más; enseguida todos nuestros amigos estaban muertos, la sangre se vertía desde sus ojos, nariz, oídos y boca. La luz se fue otra vez y cuando regresó, alguien más nos acompañaba.

—Veo que están a punto de conseguirlo —Una voz profunda y un tanto siniestra resonó en todo el salón.

El nuevo integrante era un hombre alto, delgado, pero de apariencia fuerte, con el cabello lacio, largo y negro, muy negro, tal como sus ojos, que parecían absorber todo lo que miraban. Estaba vestido de manera muy elegante, con un traje negro, camisa blanca sin corbata, un chaquet listado de color burdeo y botas de equitación que quedaban un poco más abajo de la rodilla.

—Señor, hemos seguido sus indicaciones tal como nos dijo y estamos a muy poco de volver a ser lo que fuimos —explicó el hombre de sombrero. Dirigí mi mirada hacia Zianno y por primera vez pude percibir algo en su rostro y en todo su lenguaje corporal: tenía miedo.

—Atractiva jovencita, veo en tu rostro muchas dudas. Supongo que no entiendes demasiado de lo que está ocurriendo aquí, permite que me presente —habló con la confianza de un hombre poderoso y temido—. Mi nombre es Joeil, soy brujo, conocido en mi mundo como uno de los Gemelos del Destino y estoy aquí para ayudar a estas almas errantes a recuperar su condición anterior.

Es decir, estás aquí para acabar con Zianno —pensé.

—Y eso es justamente lo que haré —amenazó con sus ojos brillantes de adrenalina.

No alcancé a pronunciar palabra alguna, cuando Zianno estaba sobre la mesa redonda retenido con un tipo de magia que desconocía, hacía uno y otro intento por liberarse, pero era inútil, una fuerza misteriosa lo mantenía ahí sin ninguna otra posibilidad.

Me acerqué a Zianno temiendo ser eliminada en el intento, pero ellos estaban conscientes de su poder y de lo que poco que importaba lo que hiciera; no tenía oportunidad de superarlos, ni siquiera en otra vida. Mi querido compañero vampiro tomó mi mano y dijo:

—Tranquila Mara, sabes que siempre sucede lo que tiene que pasar, tú sólo vive y recuerda esto… guárdalo en tu memoria.

Enseguida, Joeil tiró de mi brazo, apartándome. Cada uno de los cinco fantasmas tomó posesión del cuerpo que más le agradaba de los que había entre los invitados, volviéndose personas reales, de carne y hueso. Luego se subieron a la mesa, rodeando a Zianno y comenzaron a beber su sangre y comer su carne, hasta que ya no quedó nada. Joeil me retuvo todo el tiempo para que no pudiera ver aquella terrible escena, pero los gritos se clavaron en mí ser como un puñal. Jamás podría olvidarlos.

Según Joiel y los cinco, me encontraba en una especia de shock post traumático, pero seguía escuchando todo. Por alguna razón que no comprendía, ellos me explicaron lo que acababa de ocurrir.

Resulta que las almas errantes necesitaban la sangre de Zianno porque estaba compuesta por una gran cantidad de flujo vital de seres humanos, esto porque, precisamente era él, quien en la actualidad ostentaba al título de ser el vampiro alimentado con el mayor número de seres humanos. Una condición privilegiada, especialmente para quienes buscaban realizar un poderoso ritual.

La posesión de los cuerpos también era necesaria porque necesitaban un modelo al que su pudiera adaptar su nueva condición,  una vez realizado el ritual. Pasados unos minutos después de alimentarse del cuerpo de Zianno, los cinco fantasmas recuperaron su apariencia real, la misma con la que habían vivido años atrás y mis invitados pasaron a ser otro recuerdo más dentro de mi mente. Explicaron también, que no habían aparecido antes porque a Zianno le faltaba completar una cantidad específica de sangre humana consumida y fue ahí cuando entendí que ellos habían estado tras nuestros pasos hace mucho tiempo, pero la siguiente parte del relato me destrozó el corazón y la cordura.

—Querida Mara, fuiste tú nuestro rastreador hasta él —confesó Joeil— Manejamos todo, hasta tu transformación, porque sabíamos que él estaba cerca de conseguir la cantidad de sangre humana, pero necesitábamos un informante que nos mantuviera al tanto de los detalles.

—¿Cómo es que lograron manejar todo, incluso mi transformación?

—Fue sencillo. Los vampiros están convencidos de que son inmortales e invencibles, pero ciertamente, no tienen demasiada inteligencia o al menos, no la utilizan como deberían —Los cinco, ahora ya no fantasmas, sólo escuchaban y distribuían sus miradas entre él y yo—. Existe un hechizo, prohibido, llamado el Fraccionamiento del Alma, que básicamente convierte a tu víctima en una marioneta a la que puedas manejar a tu antojo sin que él o ella lo noten —relató como si contara una historia cualquiera—. No entraré en mayores detalles porque no tiene sentido, de todas formas, no lo entenderías y tampoco creo que te interese demasiado.

—Y cuál era tu rol dentro de esto?

—Mi energía, por supuesto. Zianno tenía la sangre y yo, al ser un brujo energéticamente superior, pude unir las almas al molde de carne y hueso para que, estos desafortunados seres volvieran a ser lo que fueron —explicó—. Cuando inmovilicé a Zianno en la mesa, en realidad, era mi energía la que lo hacía, la que también actuaba como conductor. 

Volví a mirar los cuerpos de mis invitados. Después de servir como moldes en el ritual, habían permanecido tal cual, con sangre e inertes.

—¿Por qué eres tan cruel? —pregunté con los ojos vidriosos. No sentía miedo, solo una profunda pena.

—Oh te equivocas, no soy cruel, sólo me estoy preparando para una batalla futura en la que sí podrás ver verdadera crueldad.

¿“Podrás ver”? ¿No planeas matarme?

—Nunca ha estado en mis planes, porque lo que realmente deseo es que sigas con vida muchos años más y veas el caos en que se convertirá este mundo —explicó con entusiasmo y plena confianza en sus palabras—. Sólo entonces, comprenderás que esto fue necesario, que el sacrificio de Zianno tenía que ocurrir de esta forma para que lo que conocemos como mundo no sucumba ante la perversidad de otros.

Escuchaba con atención sus palabras, pero no entendía nada de lo que decía, ¿de qué estaba hablando? ¿de qué futuro terrible hablaba? Las dudas se agolpaban en mi mente segundo a segundo y no estaba segura de poder aclararlas en algún momento.

—Mara, era necesario que ellos, estas cinco personas que ves aquí regresaran a su estado normal y me acompañaran en una lucha futura; ellos son parte del ejército que necesito.

—Creo que eres un demente —Los cinco abrieron los ojos como platos, no daban crédito a mi atrevimiento al llamarlo así.

—Y no me quedaré a cambiar esa opinión, porque seguirás siendo mi marioneta y volverás a verme cuando todo lo que te he dicho se vuelva real, me mirarás directo a los ojos y reconocerás que tenía que razón y que, finalmente, le di un sentido mayor a la existencia de Zianno y te salvé la vida.

Enseguida hizo un gesto con la mano a los cinco y ellos se pusieron detrás de él. Miré hacia la mesa, pero salvo algunos restos de sangre, no quedaba nada más del cuerpo de Zianno. Pensé en llorar, pero no quería, no deseaba darle ese gusto al maldito brujo. Entonces lo miré directo a los ojos y el dijo:

—Hasta pronto querida Mara, no cometas el error de olvidar lo que ha sucedido aquí, Zianno tenía mucha razón en sus últimas palabras —Sus ojos negros cambiaron a un llamativo color violeta, me sostuvo la mirada unos segundos y sonrió. Inmediatamente después, todos desaparecieron.

Hasta el día de hoy no he vuelto a verlos. Han pasado exactamente treinta años desde este suceso y mi existencia sigue avanzando como si nada hubiera ocurrido, al menos no para el resto del mundo, porque después de esa noche, huí de la ciudad tan lejos como pude y jamás hablé de lo ocurrido con alguien más, excepto ahora. Agradezco que estos brujos por creerme y permitirme dejar este registro.

Escribo este relato para dar testimonio de la existencia de Joiel y para encontrar respuestas, porque, aunque no lo he vuelto a ver, sé que siempre está tras mi sombra y celebrará el día en que deba darle la razón; sin embargo, me gustaría saber que se equivocaba y que todo ese futuro terrible que vaticinaba no era más que un desvarío de su mente.

*****

La hora había transcurrido sin que lo notaran y la medianoche se acercaba con prisa. Cirox cerró el enorme y enigmático libro, lo dejó sobre la mesa y miró a Brensait.

—Y así hay es como termina esta historia, pero hay muchas más sobre él.

—¿Serán ciertas?

—Nadie lo sabe. Hasta hace unos pocos días mi opinión sobre él no pasaba de ser un simple mito urbano.

—Pero lo vi. Él habló conmigo –aseguró Brensait, como temiendo que su relato no fuera considerado como algo verdadero.

—Sabes que te creo y sé que esa marca significa algo importante.

—Debemos contarle a los demás lo que hemos averiguado…ellos deben saber que los Gemelos del Destino no son sólo un mito— sentenció Brensait.

Nathalie Álvarez Ricartes Especial Halloween “Saga Elementales” 2019.

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